viernes, 30 de julio de 2010

BESASTE MI FRENTE

Besaste mi frente y marchaste. El sonido de tus pasos era la melodía de mi tristeza, la imagen cierta de mi desolación, tal vez de mi derrota. Abatido, me vi reflejado en tus ojos, espejo misterioso que me devolvía una efigie desconocida, rara, enferma, locamente enamorada…

Mi corazón lleno de heridas, vacío de afectos, de cariño y amor. Mi corazón hecho de remiendos, órgano de nadie, latido vacío e insonoro, porque tu distancia te impide escucharlo. Mi corazón ya no buscará que lo des-deserticen, quiere ser siempre ya arcilla seca; mi corazón ha quedado cauterizado por tu marcha. Mi corazón es otro volcán apagado, con chispas impacientes, desazonadas… con chispas que no queman. Puede que sea un corazón inservible.

Tiempo de modorra, de calor asfixiante, la ciudad late despacio. Mientras ardo en las entrañas del averno de tu ausencia, avanzo por el camino vacío de lo insignificante. Miro desesperado, te busco, me tambaleo en el alambre y termino cayendo al abismo del olvido. Un olvido oscuro, antipático, desagradable, antesala del infierno que dejas tras de ti. Parece que mi vida va a parar. Para. Restos de mí siguen deambulando por la caldera del asfalto, por el laberinto de donde tú no estás. No te encuentro.

Me dedicaré a colocar el mundo como a ti te gusta, para si un día vuelves. Volcado en ti, en tu nueva aparición, en tu abrazo deseado, encontraré oxígeno para seguir respirando y contar a todos cuánta falta me haces. Construiré miles de sendas que lleven a mí.

Un edificio en ruinas me recuerda mi estado. Busco comprensión en su interior desolado, triste, inhóspito, desierto. Parece como si quisiera desaparecer, como si me quisiera sujetar con resignación a algo violento o repugnante. Quizás esté perdiendo mi condición humana. O puede que la esté buscando.

Vuelve a mí, por favor. Te necesito más que nunca. Te necesito como nunca. No sabía que te amara tanto, calibré mal tu proximidad, tu compañía, tu complicidad, tu forma de amar, tu mimo, tu delicadeza...

lunes, 12 de julio de 2010

EL AMOR

Siempre había pensado que el amor era un espacio infinito y misterioso, como los cuadros de María Jesús Manzanares. Sin embargo, con el paso de los años, con la experiencia que te da la vida, mi pensamiento sobre el amor se torna ahora justo del revés de lo que siempre pensé. Creo que el amor es un espacio finito y abarcable, no es un hecho tan inmenso como él mismo nos quiere hacer creer o nos hace sentir.

Todos los seres humanos tienen una idea de cómo les gustaría ser amados, bajo qué circunstancias, en qué grado y de qué modo. Y todo aquello que salga de ahí descoloca de tal forma a la persona que comienza a sentir que el amor que recibe, sea el que sea y en la cantidad que sea, no es el correcto. Y aunque sea un amor inolvidable e irrepetible, deja de disfrutarlo porque está más pendiente de cómo moldearlo o de cómo acabarlo que de gozar con un presente único que la vida le regala.

Como sigamos conformando los presentes en base a ideaciones de vida y futuros idealizados, seguiremos generándonos enormes vacíos que nos impedirán vivir justo, justo hasta morir. Y así nuestra vida pasa sin ruido, pero apretando intensamente. De hecho, no hay nada que golpee más fuerte y con más firmeza que la propia vida, que nuestra vida propia.

El amor es un arma letal que siempre llega, no ya sólo cuando él quiere, sino como él quiere. No conozco amor que no haga sufrir, que no tenga un costo elevado, que no arrase el camino que recorre, que no tenga una meta incierta, que no desgaste, que no deje cicatrices dolorosas y muchas veces imposibles de cerrar. Y si algún amor se presentara en otras circunstancias, entonces ya somos nosotros los que nos encargamos de descuadrarlo y hacerlo transitivo hacia los estados anteriormente reseñados.

Me baso en observaciones directas de cuantos seres me rodean para afirmar esto que escribo, pero la observación también es un método científico. Además, está claro que el propio ser humano no está capacitado para vivir un amor en estado puro, un amor ideal. Siempre acogemos al amor bajo sospecha. Si es negativo, que no nos conviene, la fatalidad es visible y vamos recibiendo los fuertes golpes como buenamente podemos hasta que nos noquea y los vaciamos con chorros de vida. Y si el amor es positivo, nosotros recibimos órdenes para reaccionar contra él y dudar, desconfiar y recelar. Pero dejarnos llevar y disfrutarlo plenamente, eso jamás. Pasamos la vida salvaguardándonos de sentimientos y, justo en esa protección que nos damos, amputamos vivencias que podrían llegar a ser simple y llanamente INOLVIDABLES.

jueves, 8 de julio de 2010

OLVIDAR

Pedía ayuda para olvidar, pero olvidar es muy difícil. Para ahorrarle un sufrimiento mayor, se lo dije inmediatamente. Olvidar es una tarea tremendamente complicada, porque los recuerdos tienen más fuerza que la propia realidad, incluso son más potentes que la voluntad del ser humano. La dificultad o la imposibilidad de olvidar lo que nosotros queremos y cuando nosotros queremos hace pequeño, vulnerable e insignificante al ser humano.

Sin embargo, es increíble con qué facilidad nos olvidamos de nosotros mismos. Pasamos enormes temporadas sin acordarnos de quiénes somos, qué representamos y qué hacemos aquí.

Conformamos nuestra propia biografía como un camino salpicado de alegrías y tristezas, de esperanzas cumplidas y de expectativas frustradas, de recuerdos imborrables que, muchas veces, hacen que no se produzca nuestra propia ruina. A medida que transcurren los años, los paisajes de nuestra vida se llenan de cráteres, como la superficie de la luna. No se llegan a olvidar ni los malos momentos ni los buenos. Los recuerdos quedan insertos en el pozo de la memoria como huellas indelebles de todo lo vivido.

Sus lágrimas seguían fluyendo, eran también chorros de olvido. Sus ojos vidriosos me contaban que necesitaba olvidar, pero el olvido no es una herramienta que se deje utilizar a nuestro capricho. Sus palabras eran tristes, expresaban algo más que meras composiciones léxicas… anhelaban olvidar…

Claro, buscamos olvidar cuando alguien nos pide el corazón y le entregamos hasta el alma. Los ladrones de almas son muy crueles, se las llevan y luego nunca las quieren devolver, se las quieren quedar aunque ya no las amen...

Cuando alguien es olvidado, se le hace imposible el olvido. Tal vez quien pedía ayuda para olvidar, olvidó que era ella la OLVIDADA.