miércoles, 19 de marzo de 2014

HASTA SIEMPRE


Barriste mi cuerpo con tus ojos, de abajo a arriba. Subiste como arbusto trepador con tu mirada ovalada, elíptica, hasta chocar con mis ojos, mares atlánticos ahogados en lágrimas.

Tus manos, palomas cargadas de mensajes, volaron hasta mi cara para llenarme de caricias de pluma. Sentí el roce suave de tu piel como un aleteo de pájaro herido, como el soplo persistente de un aire que se daba la vuelta justo antes de llegar a mí.

Trenzaste tus manos, incoloras, elásticas, inmateriales, vaporosas... y emprendieron de nuevo vuelo hacia mí, cayendo como onda progresiva dentro de los parámetros de mi cuerpo.

Tu caricia quedó enredada para siempre en mi alma.
 
 

En el preciso instante en que me tocaste el corazón, las margaritas invirtieron sus pétalos ovalándose con la convexidad vuelta hacia su tallo, dejando su amarillo sol central gobernando la inmensa belleza de tu universo. Y los pájaros volaron en bandadas uniformes hacia un cielo azul bahía, donde eran ocultados por nubes pequeñas de vapor blanco, de alta densidad. Los blancos de Sorolla parcheando las esferas azules y diáfanas de Velázquez, hermosa acuarela que la fuerza del ocaso transformaba en el lejano horizonte en los rojos encarnados, intensos y extremadamente libres de María Jesús Manzanares.
 
 

Te puse una flor en el pelo y besé tu mejilla, deslizando mis labios hasta tu cuello, para terminar diciéndote al oído un te quiero casi imperceptible, sin fonemas.

Quedaste inmóvil, ensimismada, circundada por un muro infranqueable de silencio, hasta que lo rompiste espontáneamente de manera mágica, cantándome bajito “... però sovint, en fer-se fosc, de lluny m'arriba una cançó. Velles notes, velles acords, velles paraules d'amor...”. Callaste, me soplaste flojito, mordiste suave el lóbulo de mi oreja y continuaste la dulce melodía “Palabras de amor sencillas y tiernas, que echamos al vuelo por primera vez, apenas tuvimos tiempo de aprenderlas, recién despertábamos de la niñez”. En el último párrafo de esa estrofa ya me habías matado, habías abierto mi pecho en catalán y en castellano, peculiar modo bilingüe de amar.

Tracé un círculo ordinario con mis brazos, conformé una ensenada en mi pecho, cerqué tu cuerpo de oro blanco y quedaste varada en mí. Y lancé un mensaje al viento, para que lo llevara, a ráfagas y en espiral, a tus oídos:

-    Te quiero cardinal. Sí, cardinal. Amo tu Norte, tu Sur, tu Este y tu Oeste. Te amo íntegra, quiero quedar inscrito celeste en el zodiaco de tu corazón.

Tu cara, poesía épica, relampagueó con sonrisas intermitentes, parecía una luna haciendo intentos tímidos de asomar en una noche de tormenta.

Silencio.

Tus pulsaciones saltaban balanceándose de tu pecho hacia el mío y viceversa, casi insonoras, tal vez agónicas, como el canto de estío de las aguas de un arroyo, como el grito afónico de amor de un desenamorado, como una garganta muda que revienta gritando nada, como alguien que queda colgado para siempre del nunca jamás.
 
 

Y la vida, con raras sensaciones, nos miraba pasar por ella agazapada en una esquinita, maldiciéndose a sí misma de no ser siempre tan amable.

Llegado el momento, me solté de ti y casi sin mirarte entré precipitado en el que hasta hoy había sido nuestro hogar.

Antes de partir, permaneciste un momento inmóvil inmediata a la puerta de la casa. Intenté mirarte por última vez, pero la lluvia sobre el cristal creaba una nebulosa acuosa que sólo me permitía ver una silueta difusa e imprecisa.
 
 
Agravada mi profunda pena, bajé la persiana de la ventana echando el telón a la que probablemente había sido la mejor función de mi vida...
No dejaré de quererte nunca, tampoco te olvidaré...
Hasta siempre...

lunes, 10 de febrero de 2014

DONDE SEA QUE HOY ESTÉS


Y es que aquella tarde fue de caída libre, claro. El aire venía cargado de rosas y besos, de lágrimas de cebolla, de pétalos de iris de tus ojos… de ti.

Allá, en el límite de mi vida, donde sólo me quedaba dar la vuelta o desaparecer, donde las flores dejan de nacer para darte paso a ti, dejaste caer un trocito de tu infinita bondad. Me mostraste tus manos blancas y como el hielo seco se desprendieron sobre mi cara como cristales sumamente pequeños bajados de las nubes, se agruparon en mí, llegaron a mí como copos de nieve que refrescaron mi vida de pasos quemados.

Tomé esas manos níveas en mis manos y tiré levemente de ellas hacia mí, nuestros cuerpos se pegaron y nuestras caras compartieron suavidad y deseo. Me dijiste al oído “siempre estaré junto a ti”, y estas palabras llegaron serpenteando como chorros de agua cálida hasta mi corazón, fue una melodía parecida a la que se escucha tumbado en la hierba junto a un lago de aguas quietas.


Cuatro preciosas flores que vi al llegar, contemplando nuestra escena, se marchitaron perdiendo su vida para dársela al amor. Las flores son así: de hechos contundentes y aromas delicados... Como tú.

De ojos tornasol, azul violáceo, clavo mi mirada en tus labios, los mismos que me colmaron de palabras bellas, de besos encendidos, de gestos medidos que me contaban que era yo su preferido… labios que siempre dejaban en suspenso, en su precipicio vertical, otras muchas palabras que jamás nadie escucharía. Labios de nata modelada que esperaban ser libados por mis labios. Labios de sonrisas inmarcesibles, labios que emiten palabras siempre vigentes, labios de palabras dadas, de tus palabras, de palabras lanzadas, de palabras improntadas en un corazón desértico... Tus labios.

La hierba, cómplice de los silencios, mullía nuestros pies intentando que perdiéramos la verticalidad. Y el lago con sus susurros húmedos nos advertía de los peligros de la noche. Anverso y reverso de un pliego de la vida en blanco y verde que éramos nosotros.

Sonrosada, purpúrea, capsular, como una flor nacida en el hemisferio boreal, me diste la espalda y miraste un horizonte infinito semioscuro. Volviste a mí y caíste aérea en mis brazos, apoyé mi cabeza en tu pecho y sentí tu vida; escuché tus pulsaciones, identidad sonora de tu esencia humana, fundamentalmente buena.

Y de nuevo tus labios volvieron a hablar:

-      El amor va de lo abstracto a lo concreto.

-      Claro –contesté- el amor es más platónico que aristotélico. El amor, quienes lo ejercen no.

El lago se mostraba sereno, sentí que me observaba con la misma discreción que lo haría cuando un día me viera caer. Guardé silencio y secreto.
Un día, cuando esté oculto al mundo, estaré aquí. Será este lugar el que me verá llorar la ausencia de mis padres, tal vez la tuya también. Siempre pensaré que en mis momentos malos aparecerás a mi espalda y calladamente observarás cómo lanzo piedras de pena al lago o cómo lo lleno con mis lágrimas.

Y ese día te desvelaré tres promesas que, sin contártelas, te hice aquella tarde. Lo haré, sí, pero lo haré cuando ya nada vuelva a ser igual, cuando mi camino sea ya una pasarela sin retorno, cuando mi corazón sea ya una piedra…

No hace falta que vengas provista de papel y lápiz, yo grabaré con tinta indeleble en tu corazón, para que las recuerdes, aquellas tres promesas que probablemente la ferocidad del tiempo, para entonces, haya borrado ya:

1.  Conscientemente, jamás heriré tu corazón.

2.  Nunca renunciaré a ninguno de tus besos.

3.  Proclamaré hasta el fin de mis días tu singularidad.

lunes, 27 de enero de 2014

SOMOS POLVO


El enigma del destino humano, la historia por contar del libro de nuestra vida. Días de gloria, de miel; días funestos, de hiel. Sendas de futuro decapitadas por la oscuridad del presente, señales escondidas que son presagios de lo que está por venir.
Sucesos de la vida real capaces de suscitar emociones trágicas, luces que se apagan para siempre, soles que nunca volverán a brillar… La fuerza de una tragedia, tragedia que no se queda sólo en drama, sino que es un choque entre dos mundos. Noticias que mueven a compasión y espanto.
Llueve.
Lágrimas de metal de un Dios que siempre falla, que hace mártires a quienes ya son mártires. Lágrimas terrenales de golpes mortales de necesidad, de chapas arrugadas, de pertenencias mojadas, de encajes imposibles, de frustraciones custodiadas por los guardianes de la locura.
Miradas calcinadas de ocres tostados, miradas que se cruzan sin ver nada. Abrazos necesitados, caricias curativas, palabras que no se escuchan pero que llegan vitaminadas, latidos pausados de corazones heridos, ráfagas  glaciares intermitentes de viento que queman el corazón, pensamientos fugaces ardientes que hielan el alma.
Llueve.
Vacíos irrellenables que evocan las benditas y certeras palabras de Amado Nervo, para contárselas con voz dulce al oído a mi mujer y a mis hijos:
“Siempre que haya un hueco en tu vida, llénalo de amor.

Adolescente, joven, viejo: siempre que haya un hueco en tu vida, llénalo de amor.

En cuanto sepas que tienes delante de ti un tiempo baldío, ve a buscar amor.

No pienses: "Sufriré".

No pienses: "Me engañarán".

No pienses: "Dudaré".

Ve simplemente, diáfanamente, regocijadamente, en busca del amor.

¿Qué índole de amor? No importa: todo amor está lleno de excelencia y nobleza.

Ama como puedas, ama a quien puedas, ama todo lo que puedas... pero ama siempre.

No te preocupes de la finalidad de tu amor. Él lleva en sí mismo su finalidad.

No te juzgues incompleto porque no responden a tus ternuras: el amor lleva en sí mismo su propia plenitud.

Siempre que haya un hueco en tu vida, llénalo de amor”.

Y estos fríos días de enero han dejado algunos huecos demasiado profundos y tal vez, también, demasiado oscuros.
Mi esfuerzo mental y mi esfuerzo emocional llevan guerreando varios días, necesito armonizarlos para que se firme la paz en mi batalla interior.
Con humildad y con paciencia lograré, a través de una mente clara, una voluntad firme que me ayude a superar la adversidad y que me convierta en una herramienta útil de ayuda para mi familia.

Llueve... en mis ojos.

Y mi ánimo me cuenta que diluvia en mi alma.


Muchísimas gracias a todos cuantos habéis mandado mensajes, habéis llamado por teléfono y habéis compartido tanto sufrimiento, porque ello nos mantiene en pie y nos ayuda a caminar. GRACIAS!!!!!



 

domingo, 29 de diciembre de 2013

GRACIAS


Todos tenemos algunos deseos que, además de mantenerlos ocultos al mundo, los consideramos incumplibles. Nuestra anticipación hace que los situemos en el plano de lo imposible, en lugar de colocarlos en el contexto de la utopía. La utopía se cocina lenta, pero si la hacemos creíble, se cumple. El plano de lo imposible derrumba la esperanza y amputa la facultad para ser, para hacer o para existir.

A veces, estos deseos, campan alegres por las anchas avenidas de nuestro pensamiento, pisando con firmeza las aceras de la ilusión, hasta que se detienen en el rojo de una violenta barrera en forma de recuerdo o de la magia negra de las condiciones imposibles.

Pero seguimos caminando porque el instinto de supervivencia tiene una fuerza invisible, pero inmensa. Y marcamos un nuevo horizonte sobre una fina cuerda, convirtiéndonos en el faquir que reequilibra su vida intentando no caer al vacío, iluminándonos el camino con el rebote de los reflejos que el sol regala a la quietud de las aguas de los lagos muertos. Nuestros pasos se hacen plúmbeos, se paran, incluso llegan a retroceder, hasta que un soplo de aire fresco lanzado por un suspiro de vida nos pega otro empujón hacia adelante que, en un principio, casi nos hace caer, pero que vuelve a permitirnos caminar rectos y con energía.

Y de nuevo nos vemos sacudidos por los deseos ocultos ubicados en el cumplimiento del nunca jamás. Y así lo sentimos, aunque con el conflicto interno permanente de la chispa de la esperanza, perpetrando la extraña idea en nuestro cerebro del imposible de que se puede estar medio embarazada. Y con ello la cuerda elástica de la vida te suelta rienda o sofrena, dependiendo de qué color mires ese día.

De mi parte, tras cumplir cuarenta y cuatro años, a tiempo pasado, quiero desvelar cuál era mi deseo imposible para mi último cumpleaños, así lo comparto con todas las personas que amablemente siempre me leen, o me siguen, incluso algunos/as me quieren. Y, por supuesto, haciéndolo público renuncio para siempre a él, quedando mi mente vacía de deseos, al menos, hasta que el nuevo año vaya originando en mí algunos nuevos: unos confesables y otros, los imposibles, irrevelables.

Deseo:

28 de diciembre de 2013.

Sumido en la profundidad del silencio de mi cama, abro mis ojos. Miro a la ventana y adapto mis retinas a la luz, una luz que va tomando fuerza de manera lenta y laboriosa.

Dejo el abrigo y la incertidumbre de la noche.

Nazco y me abro a la vida, tengo mucha gente a quien querer.

Sigo hundido en un silencio que pronto dejo de entender, no sé cómo es posible que no escuche el sonido inarmónico de la vida, el ruido extraño de las tentaciones prohibidas…

El día inicia una sonrisa, ensancha su simpatía.

Una hora en punto de un punto de mi vida. Sigue el silencio. Me miro al espejo… estoy. Un rayo de sol se cuela por un lugar invisible del espacio cósmico, trata de herirme. Son las lanzas del infierno, me cuenta mi imaginación con una voz de ultratumba.

De repente, todas las campanas de la ciudad han dejado de sonar. Pican y repican, pero su tañido es mudo. Las horas en punto pierden su valor, el punto de mi vida lo recobra.
 
Salgo.
 
Las personas gesticulan y hablan, pero no emiten sonidos. Los motores de los coches no rugen. Es como si el mundo se hubiera convertido en un cómplice silente de un Dios que nunca veo.

“Que hable el mundo y calle el hombre, calle el hombre y vuélvase a callar…”, retumba en mi cerebro la voz de Manolo García cantando “Cuando el mar te tenga”. Sin embargo, camino sorprendido y pienso que lo que realmente debe hablar es el silencio. O mi deseo inconfesable, que me quema dentro.

Mi deseo anula a mi imaginación y la devasta.

Me sitúo frente al ordenador, quiero mirar si alguien se acordó de mí en este día y, por supuesto, agradecerle personalmente su detalle, su gesto de afecto. Nada, no tengo ninguna felicitación, tan solo hay un archivo de sonido, parece una canción.
 
Lo abro.
 
Comienza a sonar la canción de Joao Afonso “Fala do indio”, que alguien me dedica especialmente por mi cumpleaños. Es una composición poética que va directamente al corazón, con una melodía de voz e instrumento que crea unos estados emocionales casi mágicos.

Termina la canción y, mientras retorna a mí el silencio, el sonido vuelve al mundo.

Una preciosa canción que me han dedicado doscientas setenta y seis personas con nombre y apellidos y un rostro específico.

Abro de nuevo los ojos.

Dejo de soñar.

No tendré vida suficiente para agradecer tanto.

Amo.

martes, 19 de noviembre de 2013

DE LINAJES Y PUTAS III


Pues bien, una vez desmitificado este mundo y divinizada la profesión de prostituta, pasamos ya a contar el curioso hecho que inspiró esta entrada de blog.

Olegario el Moscas es un asiduo cliente de un puticlub determinado ubicado en la zona Oeste de la península Ibérica (no puedo concretar más, porque debo guardar la debida discreción). Este buen ciudadano se me quejaba recientemente de que su puta de referencia se había cogido unos días de vacaciones y que él se sentía huérfano en el terreno sexual. Y también en el sentimental.

-      ¿Sabih, Primitivu, que se ha cogíu unuh díah de vacacionih la Catina? – me informó.

-      ¿Quién, la puta? – interrogué.

-      No seah tan bruhcu, no la llamih así –me censuró.

-      Ay, perdón Olegario, pero no te preocupes que lo digo sin connotación negativa, con todos los respetos, ¡eh! No obstante, no te preocupes que no vuelvo a utilizar esa expresión – apostillé.

Ante esta información y en medio de una tarde lluviosa de sábado, decidí proponerle a Olegario visitar una localidad cercana, dar un paseo y merendar unos churros con chocolate. Y este aceptó.

Durante el viaje me hizo una curiosa y nostálgica retrospectiva de su pasado putero.

-      Con la peseta era mejó, ¿sabih? Jodíah por cuatru perrah.

-      Toma claro, Olegario, bien me creo yo que los precios de la jodienda se hayan ido también actualizando en base al IPC.

-      Yo me acuerdu cuandu yo iba al Lux May y, claru, hasta que cobrabah no teníah ni un putu duru y dejabah a debé loh polvuh. El hombri se portaba bien, te loh apuntaba en un cuadernu y al final del meh ibah a jodé otra veh y ya le pagabah.

-      Ya, ya me lo has contado alguna vez. Bueno, eran otros tiempos, Olegario.

Tras un apacible paseo con paraguas, Olegario el Moscas me apremió a tomarnos pronto la merienda, porque él tenía pensado ir al cine, a la sesión de las ocho.

Y durante la merienda, de manera sorpresiva, se produjo un intercambio de mensajes de texto vía móvil entre una interlocutora muy especial y el propio Olegario, lo que logró terminar con la consternación y la pesadumbre que lo asolaba. Era Catia, la puta albana que ocupaba sus pensamientos… Y tal vez algo más.

Me fue mostrando dichos mensajes en tiempo real, los cuales transcribo a continuación literalmente:

o       Catia: Hola ya estoy aki y tengo gana de verte besos dulce como tu ji ji ji ji.

o       Olegario: ahhh no se si creerte. puede ser que me acerque luego o mañana.

o       Catia: Ok esta nochey mejor creme.

o       Olegario: jijiji como quieras. voy al cine a las 8 y luego te veo creo…. jjjjj.

o       Catia: Ok yo estare esperándote despos te vienes y asemos una peli porno je je je je.

o       Olegario: espero que sea buena j j j aunque no me gusta ver ese genero pero si practicarlo j j j.

o       Catia: Claro lo asemos tu y yo la peli je je je.

o       Olegario: por cierto ayer estuve ahí  tomando una copa jjjj.

o       Catia: y con kien meas poesto los cornos te mato jo jo jo.

o       Olegario: pregunta y te sorprenderas jjjjj eso no te lo puedo decir.

o       Catia: Me dijo ke no suvistes teas portado bien je je je.

o       Olegario: acertaste mi corazón es solo tuyo jjjj.

o       Olegario: y lo demás también jijijiji.

Así terminó esta primera tanda de sms, que se produjeron en mi presencia. Los que copio a continuación me los dejó ver Olegario al día siguiente y se los intercambiaron estando él ya en el cine.

o       Catia: No se acavado la peli ke espero la mia jo jo jo.

o       Olegario: no. sigo en el cine pero me han llamado para tomar algo. no se si podre ir. si no te veo mañana.

o       Catia: Ok besos dulce.

o       Olegario: si quieres te voy a recoger cuando termines y te quedas en mi casa.

o       Catia: Otro dia ke oy estoy cansada de viaje vale te espero maniana. Que pases boena noche y ke soenias con migo.

o       Olegario: me lo pensare. mañana pueden pasar muchas cosas j j j j.

o       Catia: No no maniana te vienes tu y el domingo ok. El domingo yo si no, no ai trato tu el primero y despoes la gica.

o       Olegario: ya hablaremos no te entiendo bien.

o       Catia: Ablaremos no maniana te vienes y maniana me entiendes mejor je je je.

Y aquí terminó esta amena y alegre conversación entre Olegario el Moscas y su querida puta. Lo que pasó después, evidentemente, yo lo sé, pero creo que no aporta nada de valor a esta entrada de blog, por tanto, lo guardo para mí.

Sin embargo, las historias de los nobles, las del cura don Lorenzo Milani y sus alumnos de Barbiana y las de Olegario el Moscas y Catia, son el más fiel testimonio de que las putas son atemporales, interclasistas, versátiles, curativas... HUMANAS.

¡Ah, lo olvidaba: y de Dios, las putas son también de Dios!

lunes, 11 de noviembre de 2013

DE LINAJES Y PUTAS II

Continuando a estos niveles sociales, traigo un testimonio bien interesante que otro egregio caballero realizó acerca de las putas, el fallecido señor José Luis de Vilallonga y Cabeza de Vaca, noveno Marqués de Castellbell, Grande de España, aristócrata, actor y escritor, biógrafo oficial del Rey don Juan Carlos I, el cual, en un momento de debilidad emocional, hizo unas declaraciones calificadas como incendiarias por la denominada prensa rosa o de crónica social: “... ¡¡me encantan las putas!! Son un servicio público, la mayoría de los hombres de mi edad se han educado a nivel sexual en las sombras de un prostíbulo...”. Sinceramente, por su condición de noble, me parecen unas declaraciones tremendamente honestas, ya está bien de fer a la puta i la Ramoneta, que dirían mis amados y admirados hermanos catalanes.

A su vez, este célebre y polifacético hombre de acreditada prosapia, solía narrar una divertida anécdota sobre el distinguido director y guionista de cine italiano Federico Fellini. Contaba que el reseñado cineasta visitaba cada tarde a una puta, cuyo culo contemplaba con delectación, hasta que acababa la cita, y entonces Fellini palmeaba el culo de la meretriz y marchaba del prostíbulo, saliendo del mismo tan aliviado como el beato pecador sale de un confesionario. Para que vengan a negarme a mí que las putas lo mismo valen para un roto que para un descosido. ¡¡Qué importancia capital tiene el oficio, por Dios!!

Y ya, tomando el ascensor social y bajando algunos pisos, dejamos arriba la nobleza y pasamos a reflejar las percepciones que el pueblo llano aporta al edificante mundo de las putas.

Recién ingresado en la Universidad de Salamanca, allá por el año 1989 o 1990, uno de los profesores que tuve en magisterio, mandó como obligatorias una serie de lecturas de carácter histórico acerca de las diferentes escuelas y los diversos modos de enseñar que se han producido a lo largo de la historia, no sólo en nuestro país, sino a nivel mundial. Resulta que entre esas lecturas, había un libro/manifiesto contra el fracaso escolar titulado “Carta a una maestra”, cuyo título original era “Lettera a una Professoressa”, que estaba escrito por los alumnos de la escuela de Barbiana. Barbiana es el nombre de un pueblecito de Vicchio, en el valle de Mugello, en Florencia (Italia). Bien, pues el párroco de esta localidad, llamado don Lorenzo Milani, buscó alternativas a la escuela tradicional y propugnó una experiencia educativa donde se reestructuraban todos los problemas y situaciones de orden humano, sociopolítico, histórico y religioso.

Y fueron sus alumnos, guiados e iluminados por este sabio sacerdote, quienes dieron con la clave de las putas y su relación con el mundo. Escriben literalmente que “… las putas son como los curas y las maestras, se enamoran enseguida de sus criaturas. Si luego las pierden no tienen tiempo de llorar, ya que el mundo es una familia inmensa. ¡¡ Y hay tantas otras criaturas a quien servir!!”

¡¡Qué barbaridad, Dios mío, qué afirmación!! La conservo intacta y fresca en mi memoria desde que la estudié, incluso la resalté en el examen oral de Pedagogía General, ante la sorpresa, el asombro y la satisfacción disimulada de mi profesor.

Claro, esta idea, reestructura la percepción general que la sociedad tiene acerca de la relación prostituta/cliente. Y desmonta la cruel idea que tenemos todos de que la humanidad del cliente siempre se contrapone a la frialdad de su puta. ¡¡Mentira cochina, como bien descubren los alumnos de la Escuela de Barbiana, dirigidos por el gran pastor don Lorenzo Milani!!

Por eso, la inmensa mayoría de los usuarios de prostíbulos, una vez pasados los periodos iniciales y asentada y controlada su pulsión, repiten con frecuencia con la misma puta: por deseo mutuo, nunca por decisión unilateral ni por casualidad. Existe ahí un amor bidireccional subyacente no tangible, pero potente como pocos.

Y estas divagaciones previas tan complicadas y profundas, autorizan y dan vigencia a la idea que Platón plasmó en su obra “El banquete”: “Abolengo, honores, riquezas, nada puede inspirar al ser humano como el amor, lo que es necesario para llevar una vida honorable”.

CONCLUSIÓN: La prostitución es una profesión Santa, perfecta y libre de toda culpa, de culto universal, de especial virtud y ejemplo, consagrada a Dios y, por tanto, venerable.

Y por si esto fuera poco, trae a todo ser humano especial provecho.

martes, 5 de noviembre de 2013

DE LINAJES Y PUTAS I


Queramos o no reconocerlo hay un hecho que, para bien o para mal, ha venido en resultar un mundo fascinante para propios y extraños: el sumamente controvertido universo de las putas.

La prostitución, al igual que la política, el fútbol, la religión, etc., logra unos posicionamientos claramente marcados, ya sean a favor o en contra, pero nunca deja indiferente. De ahí que podamos calificar ese mundo de complejo a la par que fascinante. Tiene un halo de misterio envuelto en las tinieblas de la noche que siempre logra captar la atención de la gente, ya sea con reacciones beligerantes o de comprensión y apoyo. ¡¡Ay, esa necesidad humana fundamental de resolver los misterios!!

El caso es que a todo el mundo le gustaría decidir por las putas, cuando ellas deben ser las que rijan su propia vida, tal cual me comentó una chica del gremio recientemente.

-    Todo el mundo opina de nosotras y todo el mundo quiere arreglarnos la vida, Primitivo.

-    Hombre, Jenny, eso dice mucho de la bondad natural del ser humano.

-    ¡Bah, paranoias, no me jodas, os podíais ir todos a tomar por culo!
 
-    ¡¡Olé!!

Huelga decir que estoy hablando de putas por vocación o, cuando menos, por voluntad propia. De ahí para arriba no se hablaría del noble oficio de vender sexo, sino de explotación pura y dura.

Y sinceramente estoy plenamente de acuerdo con Jenny en que, quien ejerce el oficio de puta, tiene que tener una autonomía y una capacidad de decisión plena sobre sus designios, debido a la importancia capital de su profesión y a la relevancia social que históricamente esta ha tenido (por cierto, contra lo que se cree, no es el oficio más viejo del mundo, un día cuento esto).

Y ahora paso a  fundamentar, a través de algunas vivencias y ejemplos próximos, la enorme entidad que trato de asignarle a la profesión de meretriz.

Un buen ciudadano de Nuñomoral llamado Rodolfo, más conocido como el Redes, trabajó de mayordomo hace muchos años con una familia  española de alta alcurnia, una familia de las de cinco tenedores, de estas de rancio abolengo. Esto lo saben muy pocos paisanos nuestros, porque Rodolfo el Redes jamás lo contaba, para darse una modestia y una discreción que él creía acorde a la importancia y gravedad del cargo que en el pasado había ostentado. Sin embargo, un día cualquiera de un año cualquiera en un lugar preciso, movido por la curiosidad y observando su porte marcial y sus delicados modos, le inquirí:

-    Redes, me sorprenden esas formas tan finas que tienes tú de relacionarte con el mundo. ¿Dónde aprendiste tanta educación, tanta urbanidad y tanta cortesía? ¿Cómo adquiriste esas formas tan exquisitas de interacción social?

Se sintió tan halagado y le cayó tan en gracia la pregunta que me desveló su secreto mejor guardado:

-    Huy, Tivi, si yo te contara. Aquí donde me ves, yo estuve trabajando de mayordomo para un Grande de España, amigo. Unos marqueses de renombre, lo que me dio pie a conocer a una cantidad importante de gente de la alta nobleza española. ¿Cómo te ha quedado el cuerpo, compadre?
 
-    De piedra, Redes, de piedra, así me ha quedado. Te juro que siempre sospeché que algo extraordinario formaba parte de tu historia personal.

La verdad es que este buen vecino y paisano tiene nombre de mayordomo: Urbano, Alfredo, Sebastián y, cómo no, Rodolfo, pero nadie en el pueblo habríamos pensado jamás que un hombre de su tiempo hubiera accedido a un puesto de esa significación.

Me resultó muy satisfactorio recibir esa información, la verdad; pero lo que realmente terminó de llenarme el gorro fue la anécdota que contó después, la cual, por la relación de su contenido con el tema de esta entrada de blog, la transcribo aquí literalmente:

-    Un tarde, el señor de la casa, don Amadeo Villalta y Osuna de Morterero, Marqués de Villamejor, como tantas veces, organizó uno de los muchos cócteles de hombres en uno de los más grandes y hermosos salones de su casa. Y en una de mis asistencias a los corrillos de duques, marqueses, condes, barones y demás títulos y dignidades nobiliarias, mientras les ofrecía la bandeja, escuché cómo expresaban la necesidad de terminar la noche contratando los servicios de algunas prostitutas para, según sus propias palabras,  poder aliviar sus necesidades varoniles. Uno de ellos me miró y buscó mi complicidad con su sonrisa, pero yo me mantuve impertérrito, ni pestañeé.

-    ¿Y él se conformó con tu indiferencia? Te lo digo porque le gente pudiente necesita tener la completa seguridad de que todo funciona acorde a sus estrictos intereses, a su capricho.

-    No, no se conformó. Te cuento. Resulta que el preclaro personaje abandonó el grupo, me tomó amablemente por el brazo, me llevó a un rinconcito y me desveló uno de los secretos mejor guardados de la nobleza: “Amigo Rodolfo, atiéndame lo que le voy a decir probo sirviente: un caballero, o más precisamente un gentleman, no puede permitirse bajo ningún concepto que se aprecien su ruina ni su tristeza; sin embargo, es muy aceptado y valorado que su carácter muestre una punta de golferío, una tendencia digamos natural a las putas... jojojojo...”.
 
No me digáis que no es impresionante lo que le cascó el principal caballero a nuestro amigo el Redes, una frase que define con certera precisión de manera integral en qué consiste genéricamente la nobleza ruin, esa que ostenta título pero no tiene ni un ochavo. ¡¡Ay, las apariencias, Dios mío!!
 
Los nobles y las putas, seres sin par.