jueves, 17 de marzo de 2011

PERSONAJES Y RECUERDOS I

En la historia de nuestras vidas siempre ha habido personajes pintorescos difíciles de olvidar. Todo el mundo guarda en su recuerdo de la infancia algunas personas que por su singularidad, dejaron en sus entornos una huella imborrable. Personalmente, puedo enumerar aquí algunos nombres que, seguro, cualquier persona de mi edad natural de Nuñomoral puede recordar: Astudillo, el fontanero; Caramelo, el correo; el señor Enrique, el del “logá”; Calixto, el vendedor ambulante; el Macotera, el de la ropa; un matrimonio de gitanos, con ajos de Albacete; el de las gallinas de Ciudad Real; el rubio de Barcelona, de tejidos Sabadell; etc.

A todos ellos, en el pueblo, se les asocia con una historia divertida o curiosa que los hacía peculiares y, con el paso de los años, incluso insignes en la zona. De hecho, a día de hoy, aún son bastante recordados, cada uno con sus especificidades, para algunas generaciones de nuestro pueblo.

Astudillo es recordado por el hambre y el frío que pasaba; se untaba los morros con pimentón y salía a la calle simulando que había olvidado limpiarse para que la gente pensara que había comido chorizo.

A Caramelo se lo recuerda porque, cuando iba a hacer el reparto postal, transportaba altruistamente mujeres de una alquería a otra en el asiento trasero de su Citroën y colocaba el espejo retrovisor interior del coche focalizado hacia las piernas de las pasajeras, para ver si se descuidaban y le veía las bragas (¡qué jodío!).

Al señor Enrique, porque siendo el conserje del Hogar Escolar “Caudillo Franco” él se supo dar un rango y un estatus casi de príncipe. Recuerdo que retornó de Suiza y se trajo un diente de oro. Cuando sonreía, el diente brillaba y tardábamos un rato en salir de nuestro asombro viendo ese fenómeno.

A Calixto, por los bocinazos que pegaba a las mujeres y su trato con ellas: “¡¡¡14 duros me debes María, pata torcía!!! –le cascaba el tío subido a la furgoneta con un volumen de voz que rayaba el estruendo”.

Al Macotera, porque era un bonachón y traía una línea de ropa variopinta y curiosa, que marcaba las tendencias de moda de las distintas temporadas de los chicos y chicas del pueblo. No había un dios que no llevara encima una prenda del Macotera. Es más, daba cierta categoría decir “se la compré al Macotera el otro día”.

El matrimonio gitano, era recordado por la bonhomía del gitano y el desparpajo de la gitana. Y porque traían una niña pequeña muy avispada que medalla de oro que veía, medalla de oro que limpiaba. Recorrían media España y no volvían a Albacete hasta que vendían todos los ajos del camión.

El tío de las gallinas de Ciudad Real era todo un clásico, pero lo que más huella dejó fue el discurso machacón que hacía por el megáfono para incitar al personal a comprar gallos y gallinas: “Vamos María, que están poniendo, que tienen el huevo en la puerta el culo. Aprovechen la oportunidad, traigo la polla gigante de la pata gorda, la pollita superponedora; la que pone un huevo por la mañana y otro por la tarde, y a mediodía la monta el gallo”.

El rubio de Barcelona es recordado porque era verdad que era rubio, tremendamente rubio, casi albino. Y también porque llegaba siempre con una furgoneta enorme, cargada hasta las trancas de cajones llenos de ropa, sábanas y telas diversas, y acompañado de un hombre mudo, que fue el primer mudo que vimos los niños y las niñas de Nuñomoral.

Y, por su enorme curiosidad, permitidme que haga un inciso con el mudo. Tocaba don Antonio, el maestro, las palmas y salíamos todos corriendo y gritando de la escuela, de manera casi alocada. Sólo ver la furgoneta del rubio de Barcelona, pensábamos en el mudo, lo comentábamos al unísono, y nos aproximábamos al tenderete no ya para verlo, sino para observarlo casi exhaustivamente.

  • Eh, oyi, ¿cuántu vali ehtu? –Le preguntábamos directamente a él.

  • Muuu, muuu, uuu, muuu –contestaba el mudo, estirando un número determinado de dedos de una o de las dos manos, dependiendo del precio.

  • Mira, mira machu, ¿hah vihtu cúmu haci? – Nos decíamos entre nosotros y nos partíamos de risa. Nos parecía mentira que moviera los labios de aquel modo sin articular palabra.

3 comentarios:

amanda.velaz dijo...

qué bueno y qué memoria!

kitty dijo...

ayyyyyyyyyyyyy!! qué bueno por favor, lo que me habré reido con estos recuerdos, algunos mios y otros prestados!!

ana dijo...

¡¡¡¡¡¡Qué recuerdos!!!!!!parece que vuelvo atrás y los veo.....Tanto tiempo y sin embargo siguen ahí como ayer.No te imaginas como me he reído al recordarlos.
Nos viene bien de vez en cuando echar un vistazo atrás, aunque en el proceso sintamos nostalgia...