viernes, 22 de enero de 2010

COMPARTIR CANCIONES

Hay canciones que nos llegan al interior, tienen un vibrato especial, el vibrato del alma, diría yo. Las escuchamos, nos tocan la latencia sentida y nos llegan a emocionar. Nos sitúan en un estado emocional apetecido, aunque sea buscado con la lupa de la tristeza.

Muchas veces, además, las relacionamos con las vivencias acaecidas en un contexto temporal concreto. Eso es cuando tocamos fondo, cuando navegamos en la ola de la adversidad; por eso, las canciones más bellas salen del desamor y la separación. Qué curioso, las melodías más hermosas son desgarros puntuales o permanentes que transformamos en notas armonizadas para no morir de pena... o de rabia.

Nada, perdonadme. Simplemente pensaba mientras escuchaba una canción de James Last, y al despertar veo esto que he escrito. Lo mando, lo comparto.

Un beso a todos, y por favor, si alguien lo sabe, que me diga qué precio tiene el perdón...

5 comentarios:

Isabel dijo...

El perdón no tiene precio sino todo lo contrario...
¿No es la moneda de cambio que sanea las cuentas de aquellos por lo que la mayoria de seres humanos lo hipotecamos todo?
Algunos lo llaman AMOR..

Vera dijo...

Para pedir perdón no hay que recurrir a leyes, simplemente revisar los hechos del pasado. Su precio es aceptar a las personas tal y como son.

Ulises dijo...

El perdón no puede tener precio, pues si lo tuviera dejaría de ser perdón y se convertiría en una simple transacción económica que únicamente limitaría su distribución a la capacidad de capital que tuviera el que desea ser perdonado.
Por esta razón, el perdón, no cotiza demasiado en la actualidad, pues no sirve para nada y no produce nada más que la satisfacción de la carga arrojada o el prurito de contar con una conciencia tranquila.
Me viene a la memoria un fotograma de la película "La lista de Schindler" cuando el jefe del campo de concentración se divierte pegando tiros a los judíos que caminan por el patio y Schindler le dice que el verdadero poder estriba en el perdón y que la máxima forma de demostrar ese poder es perdonar. Aunque creo que para muchos el perdón no es un poder, sino un simple signo de debilidad.
Prefiero ser débil perdonando, que fuerte pisoteando a los demás. Un abrazo, ¡con Perdón!

Primitivo Expósito Azabal dijo...

Qué bueno el comentario del Gran Ulises!! No obstante, me refería el precio global, no sólo económico. Lo más caro es el coste emocional...

kitty dijo...

El perdón no tiene precio, si se perdona es porque se quiere. No se debe esperar nada a cambio, sólo sobre lo que se perdonó se puede exigir responsabilidad porque el perdón es puntual no eterno.