viernes, 5 de febrero de 2010

LA VIDA QUE FLUYE

Infinitas son las ocasiones en que las personas nos aferramos a los recuerdos. Esto es un hecho esencial y fundamentalmente positivo, porque nos ayuda a saber qué somos importando vivencias del pasado que nos han ido configurando personal e identitariamente.

Podríamos afirmar que, nuestra actualidad como seres humanos, es el resultado de una construcción permanente que constituye nuestro pasado. Estamos estrechamente marcados por nuestro medio ecológico, nuestro entorno y, cómo no, por infinidad de contextos, que son depósitos de experiencias que llegan a marcar los caminos deseados para recorrer el horizonte de nuestro futuro. Otra cosa bien distinta es que esa progresión se cumpla atendiendo a nuestras previsiones o, por el contrario, quede matizada por la fuerza de la vida.

Sin embargo, continuando con los recuerdos, a diferencia de aferrarse a ellos, sería letal para nuestra progresión anclarse a los mismos. El recuerdo ha de ser un medio de regeneración, de empuje, de propósitos, de mejora. Un punto de inflexión para relanzarnos a lo que nos queda por caminar. Este es buen itinerario porque los recuerdos se conforman y actualizan constante y permanentemente, esto significa que consecuentemente nuestro futuro seguiría idéntica línea.

También es verdad que no podemos estar continuamente dibujando escenarios de futuro imaginados. Tenemos mucha costumbre de anticipar hechos que creemos saber cómo se van a producir. Vivimos esperando un futuro que nunca llegará como nos lo imaginamos, un futuro que colmará nuestras expectativas y que marcará el inicio de nuestra verdadera vida ideal.

En todas estas andamos metidos tan de lleno que olvidamos vivir los presentes. Derivado de ello, tenemos una dificultad real para disfrutar de nuestra vida cotidiana, de nuestros momentos, de nuestro devenir, de todo lo bueno que nos rodea…Nos hemos instalado en una especie de vida “en tránsito” en la que no percibimos que todo lo que vivimos es nuestra vida, nuestra realidad y que no hay otra ni llegará algo espectacular que nos colmará definitivamente y nos catapultará hacia el maná soñado.

Esta espera está causando efectos devastadores en las personas, está creando una cantidad de vacíos interiores que, para colmo, son diagnosticados por los psiquiatras como depresiones. Esperando nuestro encaje en la felicidad eterna, caminamos hacia la nada, avanzamos hacia un mundo espejo donde chocamos contra nuestra propia imagen, compartimos urbes superpobladas y nos sentimos completamente solos, llenamos salas cibernéticas buscando conversación, afecto y amor, cuando podíamos apagar el ordenador y pedir eso a la persona de la cabina de al lado que, al fin y al cabo, busca lo mismo.

Por tanto, hago una defensa encendida del aquí y el ahora. Aprovechemos el presente, el momento, busquemos la intensidad de lo que vivimos, de lo que compartimos… son momentos únicos e irrepetibles. Una de las acepciones que el diccionario da a la palabra presente es la de “obsequio, regalo que alguien da a otra persona en señal de reconocimiento o de afecto”.

Sin anticipaciones idealizadas, sin esperanzas infundadas, sin previsiones estúpidas e irreales... obsequiémonos, démonos, entreguémonos... que nuestras manos queden desgastadas de tanto estrechar, que nuestros corazones queden vacios de tanto dar amor, afecto, que nuestras almas queden libres de tanto acompañar… ese será el camino de nuestra verdadera FELICIDAD…

4 comentarios:

Isabel dijo...

Imagino que ser consciente de lo que relatas es no dejarse llevar por la fluidez de los acontecimientos que nos depara la vida a diario, sino manejar el timón y dirigirlo hacia donde queremos que nos lleve nuestra existencia. Enhorabuena por descubrir la FELICIDAD!!

Ulises dijo...

Observo que hace usted una encendida defensa del “carpe diem”, del presente como momento sublime de la realidad, una “defensa del aquí y ahora” como vuesa merced afirma. No quiero negar la importancia o “la necesidad” del presente como elemento constitutivo de lo real, pero considero no que no es lo más importante, y, ni por asomo, es el lugar donde descubrir y vivir la felicidad. En el presente no se saborea nada, no se alcanza nada, pues simplemente es un pasar fugaz que no se detiene nunca hasta que no tope con la eternidad. Al fin y al cabo la pregunta siempre nos lleva a cuestionarnos ¿qué es la realidad? Lo real está compuesto de múltiples elementos; no sólo lo presente, sino lo pasado y lo porvenir. Como acertadamente afirmaba Ortega y Gasset “realidad es la contravoluntad, lo que nosotros no podemos; antes bien, aquello con que topamos”, y ciertamente, lo que nos topamos no es siempre lo que nuestra voluntad espera o desea. Pero además afirmo que el presente es aquello que manifiesta de forma sublime lo perecedero, lo mudable. Vivir en el presente es vivir en lo que continuamente es caduco, es la continua mudabilidad de las cosas, nada permanece y todo pasa de una forma continua e imparable.
No creo que el presente sea el lugar de cualquier tipo de concepto perdurable. Yo me decanto por el futuro como lugar verdaderamente humano, como ámbito donde se desarrolla y juega realmente nuestra dignidad y nuestra verdadera esencia. El pasado nos define, nos da una forma y una densidad de la que careceríamos sin la memoria de nosotros mismos; el presente nos marea con sus magnitud y nos engaña con lo efímero de su existencia; es en el futuro donde se manifiesta lo que somos y seremos. En el futuro es donde se juega la verdadera batalla de nuestra libertad. Con el pasado no podemos hacer nada, pues ya forma parte de los recuerdos y es un cadáver que nos define; con el presente tampoco podemos hacer demasiado, porque es tal la cantidad de momentos y elementos fugaces que nos muestra que nos aturde aquello con que nos topamos; el futuro es la tarea real que tengo entre mis manos y que me da la oportunidad de hacerme y realizarme como quiero, es el verdadero ámbito de libertad y elección con la que cuento.
Me voy parando, porque seguiría reflexionando sobre este tema que de forma tan oportuna has sacado a la palestra en “de blanco roto”. Un saludo desde el futuro que nos aguarda y nos reúne y une.

Vera dijo...

Cierto es, querido Ariel, que somos lo que hemos construido, que hay que contemplar las huellas del pasado sin quedar atrapados en el recuerdo. Aunque todos vamos en la misma dirección, siempre habrá quien se pierda en el trayecto, debemos seguir ese sendero tan atractivo que nos conduce hacia el futuro, esa meta que debemos forjarnos para dar sentido a nuestra vida, debemos preguntarnos para qué vivimos y saber que nuestra vida tiene un propósito, cuando descubramos cuál es, vivirlo en el presente, porque es lo único que existe, el pasado es recuerdo y el futuro angustia, o tal vez, esperanza.
Aún siendo consciente de que la motivación fundamental en el presente es la búsqueda de la satisfacción personal para un futuro, creo no exagerar si sostengo que muchas veces ésta no aparece y que a veces vamos tras falsos tesoros.
Yo también apuesto por el “carpe diem” y lanzo una pregunta cuestionable ¿y si ese futuro del que habla Ulises nunca llega? Por qué esperar a ser felices cuando podemos vivir el momento del aquí y ahora. Ya alguien dijo una vez que "muchas personas se pierden las pequeñas alegrías mientras esperan la gran felicidad”. La vida es una oportunidad que se nos da y hay que aprovecharla.

Primitivo Expósito Azabal dijo...

Qué buenos los tres comentarios!!! Todos tienen grandes verdades. Un abrazo sincero a todos, aportáis una enorme calidad a mis pensamientos. Gracias...