domingo, 21 de febrero de 2010

PARÉ EN TU ESTACIÓN

Otra vez llegó el tiempo de amar, de situar nuestra vida en un contexto de relatividad con respecto a los pareceres del otro. Parece un nuevo ciclo; esta vez adornado con el fondo de los Barrio, Bosé y otros noveles artistas que con el nacimiento de su éxito despunta de nuevo nuestro amor. Imágenes y vivencias que quedarán para siempre enmarcadas en un contexto, en un color, en un sabor, en la correlación exacta de tu existencia y mi sentimiento.

Busco en la ternura de Louis Meylan y en la sagacidad de Marc Orlan todos los movimientos precisos que erosionen la parte más sensible de tu ser, para que mi entrada en ti sea un triunfo seguro, para que en la cima de tu amor ondee la bandera de mi dominio, para que en los límites de tu cuerpo se sitúen las fronteras que custodian los guardianes de mi amor…

Otros múltiples sucesos ocupan las primeras páginas de la vida de muchas personas distintas. Embaído en tu reconquista yo no sufro los desamores de los demás, ni tampoco siento sus penas, ni me acapara su tristeza. Mi única ocupación es la permanente reconquista lenta y segura, la llegada programada al puerto de tu regazo, la decodificación de tus hermetismos puntuales y la coronación exitosa de tu querer. Ya ves, cuantas realidades diferentes compartiendo un mismo espacio, pisando el mismo suelo, rozando el mismo aire… pero viviendo sentimientos encontrados. Mira cuanto puede albergar de diferente este inmenso jardín que es el mundo. Un jardín que muchas vidas cuidan con esmero y lo lucen al resto precioso y deslumbrante, y otras vidas descuidan su atención e intentan ocultar su abandono y su destrucción, se niegan a mostrar su inapetencia de buscar amorosamente la senda virgen de su felicidad.

Yo voy aprendiendo de ti. Por eso, cuando me encuentro en el centro de la encrucijada de caminos, los miro, los remiro, medito las sensaciones que producen en mi interior cada una de sus entradas... y tiro por la vereda de la vida feliz, sorteando las trampas del camino y anulándolas con dosis de amor puro.

Decido meditar paseando por las profundidades de tu corazón, y en algunas grutas de tu alma paso por lindísimos paisajes de estalactitas y estalagmitas. Unas veces para continuar he de agacharme y otras veces he de saltar con dificultad. Para que veas, el interior de los corazones es como el propio mundo, como la vida misma, ¿verdad?

Pero disfruto, porque en las galerías de tu corazón, aún veo muchos detalles que yo tallé, otros estantes están completamente vacíos y algunos otros tienen una decoración que desconozco; tal vez, algún ser ajeno a mí los colocó con o sin permiso, o tú misma enredaste un día en tu paisaje interior y al salir olvidaste dejarlo todo como estaba… u olvidaste la puerta abierta, o ¡yo qué sé!

En mi recorrido demente (o soñador) llego hasta un inmensa estación que ocupa el epicentro de tu fuerza íntima. Un tránsito impresionante de trenes altera mi apacible paseo. Llevan cánticos de esperanza o marchas fúnebres, dependiendo del momento exacto y de la situación precisa. Temo tanto vagón cargado de amor saliendo por las diferentes vías, ¿dónde irán?

Y decido sereno parar aquí, quedarme en tu estación, vivir junto a tu fábrica de afectos; así puede que salgan muchos trenes cargados pero algo me caerá, vigilaré las migajas de los andenes... o me hechizaré con sus aromas, con tus fragancias, con esa esencia que un día si se marchita de mi vida, mi vida también marchitará para siempre…

6 comentarios:

Noelia Torres Torres dijo...

En cuántas estaciones hemos estado a lo largo de nuestra vida, cuantos y bellos recuerdos guardamos de cada una, e incluso alguno amargo que tampoco queremos borrar.
De repente decidimos pararnos en una estación, decidimos quedarnos en ella para siempre, porque nos gusta su olor, su calor...
Quizás luego pensamos en qué la podíamos haber dejado y haber cogido otro tren.
Pero lo bonito es vivir plenamente en aquella en la que nos quedemos, en darlo todo y no pensar en que pudimos hacer otro viaje.

¡Qué historia tan bonita!

kitty dijo...

Pues no estoy de acuerdo Noelia, si consideras que prefieres visitar otros lugares hay que seguir los dictados del corazón y visitarlos y no vivir tristemente en la estación que un día elegiste, se puede elegir, pero no se debe vivir con la ilusión permanente de que lo que dejaste merecía la pena y no has tenido ocasión de vivirlo. Si quieres ser viajero lo eres con todas las consecuencias, si decides apearte, hazlo, pero con la certeza de que es ahí donde quieres estar, y si te equivocas puedes volver a coger otros trenes, de hecho el horario de trenes suele ser siempre el mismo, la misma hora cada día al mismo destino...

Mujer dijo...

Me has erizado la piel. Precioso. Viajan en el mismo vagón la reflexión más serena y pausada con la emoción más pura y espontánea. Tiene más sentido que nunca elegir billetes sólo de ida.

Un beso

Vera dijo...

Tienes un sabresaliente en esa carrera tan maravillosa que es el "amor"

kitty dijo...

Mientras leía soñaba que alguién que me amase hubiera escrito esto pensando en mi...

Noelia Torres Torres dijo...

A cualquiera le hubiese gustado que hubiesen escrito esto pensando en él.
Es de verdad, una de las reflexiones más hermosas que he leído sobre el amor.