martes, 9 de octubre de 2012

CAMINOS INESCRUTABLES I

No recuerdo si he contado aquí, en mi blog, a qué me dedico profesionalmente. Trabajo en el sector público, concretamente en el de la Educación. Soy Educador Social en un instituto de Educación Secundaria de Extremadura, y ejerzo mi labor en el Departamento de Orientación del Centro, con una multiplicidad de funciones relacionadas con la prevención, la intervención socioeducativa, la atención psicosocial y la orientación escolar. Mi acción profesional no sólo se focaliza hacia el alumnado, sino que también está dirigida a las familias y al entorno. Dicho a un nivel técnico aplico un modelo de intervención ecosistémico, sujeto a pautas educativas perfectamente organizadas y sistematizadas.

Cuando leo, tengo por costumbre hacerlo con el mayor silencio posible. Sin embargo, a veces nuestras rutinas se interrumpen por olvidos momentáneos y esto nos puede abrir caminos o vivencias que de otro modo jamás se hubieran producido.

Embelesado con mi novela, me recosté en el diván de mi despacho con la intención de leer largo rato. Cuando ya estaba acomodado me percaté de que no había apagado la radio, con la rabia que da cuando te ocurre eso. Y dejé posar el libro sobre mi pecho, mientras escuchaba la publicidad que en ese momento emitían en la cadena SER de Plasencia.

  • No puedes perdértelooooooo, nueva aperturaaaaa del bazar de Juanito el chinooooo... Acércate y verásssss... Todo tipo de artículos a precios increíblessss... Juanitoooo... el chinooooo... El viernes, cinco de octubre, a las siete de la tarde, acto de inauguración.... Te esperamos... Avenida Martín Palomino, veintiunoooo... Plaaasenciaaaaa...

Tras el anuncio me levanté y apagué la radio, volví a reclinarme sobre el diván y abrí mi novela por la página correspondiente. Después de un periodo de tiempo considerable empecé a advertir que no me estaba enterando de nada de lo que leía, porque mi cabeza estaba en la apertura del bazar de Juanito el chino, y no en las páginas que tenía entre mis manos.

Durante varios minutos tuve una lucha interna de intensidad notable conmigo mismo, en términos freudianos diría que mi perro de arriba y mi perro de abajo se ladraron y se pelearon durante un tiempo. Sí, sí, lo reconozco, estaba no ya sólo tentado, sino barajando de lleno la posibilidad de asistir a la inauguración del mencionado bazar. Quería yo ver qué chino se llamaba Juanito y por qué tenía tanto predicamento en Plasencia.

Con la decisión de carácter irreversible ya tomada, ideé una estrategia de ocultación. Ya me diréis a quién le contaba yo el tremendo planazo de viernes tarde que me había montado sin que pensaran que me faltaba un tornillo. Vamos, le cuento yo a mi círculo de amistades que voy a emplear la tarde del viernes en asistir a la inauguración de un bazar chino y lo menos que pueden llegar a pensar es que me he pegado un coscorrón en la cabeza. Pero el hecho era ya imparable, incluso para mí hasta emocionante. Con toda seguridad asistiría a la apertura del bazar de Juanito el chino. Desde ese mismo momento empecé a dejar desierta mi agenda para la tarde del viernes, cinco de octubre.

El acontecimiento me produjo una psicoactividad inusual, que devino en una aceleración vital. Dejé todo y decidí salir de paseo para evadir mi atención en otros asuntos de mayor enjundia, o más banales pero con la suficiente capacidad evasora.

La verdad es que parece una chorrada, pero no cualquiera ha asistido a lo largo de su vida a la inauguración de un bazar chino. Y más si el chino se llama Juanito.

Sonó el teléfono.

  • ¿Sí?
  • Oye, soy yo, Jorge. Es para decirte que el viernes por la tarde, si no llueve, líbrenos Dios, podemos ir a por las ciruelas.
  • ¿El viernes? Noooooooooo, bajo ningún concepto.
  • ¿Por qué? El viernes es un buen día.
  • No puedo, estoy ocupado.
  • ¡Bueno, seguro! ¿Qué coños tienes que hacer?
  • Una cosa.
  • ¡Jajajaja, ay Pajarraco! ¿Qué cosa?
  • Ná, una.
  • Vamos, que no me lo vas a decir, ¿verdad?
  • Es una bobada.
  • Bueno, pues hala, déjalo. La semana que viene te llamo, ¿vale? Venga, un saludo campeón.
  • Venga Jorge, un saludo. Seguimos en contacto.

No me daba la gana de que nadie me chafara mi asistencia al evento. Y este fue un primer embate bastante potente. Se sucedieron algunos más, pero resistí como un auténtico héroe. Lo peor de todo es que con esta entrada se están enterando de la verdad de aquella tarde de viernes, y soy consciente de que mi reputación va a quedar seriamente dañada.

3 comentarios:

Pilar Montero dijo...

Pajarraco!!! Juanito el Chino... Ay Dios!!

Pilar Montero dijo...

comprarías algún bote o algo, no? ¿De comer unos deliciosos canapés??? Sospecho que no...

Primitivo Expósito Azabal dijo...

Menudo con Juanito, espérate a ver la segunda parte, verás qué ocurrió y por dónde derivó la tarde.
Sí compré, unos botes para meter legumbres y demás, te suena?