miércoles, 12 de mayo de 2010

PASEO PAUSADO POR UNA MUJER

Apareciste como si emergieras de la nada. Alfombraste mi camino. Tu pelo iba recogido y, en sus puntas, caracoleaba retornando a ti. Tu pelo no era pelo, era un halo de divinidad. Tomando como referencia la punta de tu nariz, tus cejas mostraban una simetría casi perfecta de tu cara. Tu mirada era acristalada, de vidriera esmeralda y terminada con puntas plateadas que, a veces, clavaban. Tus labios eran toboganes de la niñez que resbalaban hacia tu esencia interior. Estaban prestos a ser libados. Tu sonrisa era amable, sincera. Era una sonrisa de seda, anidaba en muchos corazones. Tu sonrisa volaba alto, muy alto; volaba como las imaginaciones... o más alto. En tu sonrisa se posaban muchas miradas, también deseos. El timbre de tu voz tenía un sonido envolvente y era, además, musicado. Brotaba de tus labios carnosos y móviles, lanzaderas de la lucidez.


Debajo de lo descrito anteriormente, como pasadizo, estaba tu cuello. Era una barra de diamante que me deslizaba hacia un jardín botánico. Me guiaba al paisaje selvátivo de tu cuerpo. A los lados, tus brazos, dejaban ver una correspondencia exacta en forma, tamaño y posición. Terminaban en diminutas manos progresivas, escaleriformes, direccionadas al cielo, con caricia suave de nube.


En la estepa de tu cuerpo, paré indeciso. El paisaje era precioso, lo miré con los prismáticos al revés, para darle aún más extensión y aumentar lo bello. Tu cuerpo, ínsula albina que haría las delicias de Sancho Panza. Desde tu cintura circular miré el horizonte de los dos caminos que marcaban tus piernas. También miré hacia arriba, quería ir recapitulando casi a cada paso. Me perdía transitando por tu meseta, hollando sendas tan violadas y tan vírgenes como la violada selva virgen.


Descendí manso, lento y moderado serpenteando por una pierna esférica y sentí un roce liso, blando, grato... dulce, muy dulce. Y aterricé en el empeine de un pie que estaba allí. Un pie con una primera apariencia irregular e indeterminada. Un pie que tomó forma cuando lo miré verticalmente. Dí un saltito corto y terminé en otro empeine de otro pie de la misma isla, pero con la disposición física contraria al original. Volví a circunvalar reptando otra pierna de idénticas características a la que antes descendí.


A decir verdad, estaba tremendamente cansado, casi agotado. Aquel día no pensaba pasear más, Deseaba dedicar el resto del día a la lectura.


6 comentarios:

Rosana Mohedano dijo...

Ja ja ja ja!! Que majete!! Te has guardado lo mejor, eh?? Me ha encantado esta entrada, expresas tal sencillez veneración y adoración hacia la mujer que me declaro abiertamente fan tuya. Primi, un placer leerte. Besazos!!

Aprendicienta dijo...

Descripción de un poeta ..... exquisitamente bello!!!

Isabel dijo...

Quienes no te conocemos diríamos de ti que eres un fiel y devoto peregrino que disfruta caminando hacia el apostolado de la belleza...
Pero se me antoja más pensar que tu verdadera afición es el senderismo por los largos caminos de la geografía humana...
Me ha encantado la entrada...

kitty dijo...

menuda tesis tienes tu hecha sobre esto eh?Tú si que sabes...

Mujer dijo...

Simplemente, precioso.

kitty dijo...

¿Dónde miras?
¡No la mires!
¡¡No me miras!!
¡que si esto que si aquello!
¡que te quiero si no miras!
si la miras no te quiero!
¿No me quieres?
¡yo te quiero!
¿Dónde mira?
dame un beso
¡¡Que no mires!!
¡no la mires
¡mira esto!
¡Que si pitos que si flautas!
que si tarta que si queso…
Dame un beso
¡Toma un beso!
¡No lo quiero
¡¡Que no mires!!
Dónde miras?
¡Que si esto que si aquello!
¡Así me tiene los días!
…medio loco
¡medio cuerdo!
Sin saber que hacer con ella
¡Si olvidarla,
si quererla!
¡despreciarla
o darle besos!